Napoli è cosí

Fui a Nápoles por primera vez hace diez años. Para conocer a mi familia paterna, los Oro. Era 15 de agosto.

Llamé a Laura, una prima mia a quien no conocía, y cuando supo que estaba en una pensión, se ofendió y me llevó a su casa, en los Quartieri Spagnoli, el barrio con más historia de Napoli, allá donde las guías recomiendan no poner los pies. Ella me decía: «Aquí vienen los japoneses con las cámaras de fotos colgando del cuello y encima se quejan de que se las roban, si es que…» En seguida quedé fascinado por sus callejas imposibles, cubiertas de sábanas y edificios destartalados al más puro estilo de La Habana. Lo primero que queda patente en Napoli es que no es Europa.

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CIAO CIAO


El verano pasado fui con Claudia, una chica maravillosa, a Grecia, a las islas del Dodecaneso. En la vida, cuando ocurren hechos preciosos, no hay que ocultarlos ni maquillarlos. Y este viaje lo fue. Islas vírgenes, sosegadas y con gentes tranquilas y amables. No entendíamos un carajo del griego que hablaban, pero parecían encantadores.
A Claudia le regalaron la Go Pro, la cámara de la globalización, de las redes sociales y las filmaciones «yo me lo guiso yo me lo como».
Aturdido por el latigazo del sol -vimos una nube en 15 dias-, me senté en un chiringuito con mi diario de los viajes. Y escribí la letra de «Ciao Ciao».

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