Napoli è cosí

Fui a Nápoles por primera vez hace diez años. Para conocer a mi familia paterna, los Oro. Era 15 de agosto.

Llamé a Laura, una prima mia a quien no conocía, y cuando supo que estaba en una pensión, se ofendió y me llevó a su casa, en los Quartieri Spagnoli, el barrio con más historia de Napoli, allá donde las guías recomiendan no poner los pies. Ella me decía: “Aquí vienen los japoneses con las cámaras de fotos colgando del cuello y encima se quejan de que se las roban, si es que…” En seguida quedé fascinado por sus callejas imposibles, cubiertas de sábanas y edificios destartalados al más puro estilo de La Habana. Lo primero que queda patente en Napoli es que no es Europa.

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Sinatra 100

Frank Sinatra.

Cuando Vicens Martin, director de la Dream Big Band, me propuso ser la voz de Sinatra en el homenaje de su 100 aniversario pensé que a mí, Sinatra nunca me había gustado. Acepté porque sentí que era un reto que me tocaba asumir, una prueba caída del cielo en forma de cruz, porque aprenderse 25 standards del repertorio clásico de Sinatra era más bien una locura. Pero acepté.

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CIAO CIAO


El verano pasado fui con Claudia, una chica maravillosa, a Grecia, a las islas del Dodecaneso. En la vida, cuando ocurren hechos preciosos, no hay que ocultarlos ni maquillarlos. Y este viaje lo fue. Islas vírgenes, sosegadas y con gentes tranquilas y amables. No entendíamos un carajo del griego que hablaban, pero parecían encantadores.
A Claudia le regalaron la Go Pro, la cámara de la globalización, de las redes sociales y las filmaciones “yo me lo guiso yo me lo como”.
Aturdido por el latigazo del sol -vimos una nube en 15 dias-, me senté en un chiringuito con mi diario de los viajes. Y escribí la letra de “Ciao Ciao”.

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