CIAO CIAO


El verano pasado fui con Claudia, una chica maravillosa, a Grecia, a las islas del Dodecaneso. En la vida, cuando ocurren hechos preciosos, no hay que ocultarlos ni maquillarlos. Y este viaje lo fue. Islas vírgenes, sosegadas y con gentes tranquilas y amables. No entendíamos un carajo del griego que hablaban, pero parecían encantadores.
A Claudia le regalaron la Go Pro, la cámara de la globalización, de las redes sociales y las filmaciones “yo me lo guiso yo me lo como”.
Aturdido por el latigazo del sol -vimos una nube en 15 dias-, me senté en un chiringuito con mi diario de los viajes. Y escribí la letra de “Ciao Ciao”.

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SURREALISMO

Me gustaría ser un lagarto hace miles de años. Un camaleón instalado tranquilamente en las rocas del Mediterráneo, tostándose al sol, mecido por el sofrito de las olas y acariciado por el viento. En el Cap de Creus. Un lagarto de clase media-alta. Perezoso.

Cuando veo este cortometraje me asalta este deseo; una nostalgia por volver a un pasado que no conocí, a un tiempo que se me antoja libre y lento. Rodamos en Cadaqués, bajo las rocas de la casa de mi familia Pichot, los pintores y músicos locos e histéricos. En las mismas rocas donde mis antepasados se divertían con temeridades como bajar un violoncelo y un piano a las rocas y acompañar a mi bisabuela Maria Gay, célebre cantante de ópera, en arias apasionadas. Lo que han visto esas rocas…

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